Crónica del GP Brasil 2008 de F1: Felipe Massa pierde el título al final

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El adelantamiento de Hamilton a Glock en la última vuelta del GP de Brasil 2008 hizo que el brasileño saliese derrotado

Artículo de: Enrique Calvo Carmona

Un lluvioso desenlace en el Autódromo José Carlos Pace, comúnmente apodado Interlagos por su presencia entre, precisamente, dos lagos, acabó coronando a Lewis Hamilton como campeón del mundo por primera vez y condenando a Felipe Massa al final más cruel. Timo Glock, con neumáticos de seco blandos, trazó mal una de las últimas curvas y fue adelantado por Lewis. Un punto separó a Felipe de la gloria.

Como antecedente, quien lideraba el mundial era el piloto de McLaren, y no precisamente por poco. Siete puntos, una eternidad numérica con aquel sistema de puntuación donde se premiaba al ganador de una carrera con diez, separaban al inglés del astro brasileño. Por lo tanto, para ganar el título, Massa tenía que ganar la carrera y que Hamilton quedase en la sexta posición o peor. Una improbabilidad.

Comenzaba un Gran Premio de Brasil donde Felipe Massa, eterno escudero tanto del legendario Michael Schumacher como de Kimi Raikkonen, campeón en 2007, aún tenía lejanas posibilidades de conquistar el título ante Lewis Hamilton. El inglés era ya una estrella a los 23 años, arrebatándole, entre él y su jefe Ron Dennis, el subcampeonato del año anterior a todo un vigente bicampeón del mundo como Fernando Alonso.

Los cambios de condiciones entre neumáticos de seco y de lluvia hicieron de aquella cita en Interlagos una carrera caótica. Tanto, que, al llegar a las últimas curvas y contra todo pronóstico, Hamilton era sexto por detrás de Timo Glock y Sebastian Vettel. Massa, sin embargo, llegaba como primero, tanto de la carrera como del mundial. Esto último no cambió, pero lo primero y más importante, sí.

Glock y Toyota hicieron una apuesta arriesgada que resultó ser un timo. La decisión de quedarse con neumáticos de clima seco cuando diluviaba no dio sus frutos. El primero en adelantarle fue Vettel. Pero el que tenía que hacerlo sí o sí, y lo hizo, fue Hamilton. La curva Junçao fue testigo de otro derrape del de Lindenfels, el cual fue, esta vez, aprovechado por el piloto de McLaren y eventual campeón.

Por el interior hizo su movimiento Lewis Hamilton. El adelantamiento más importante de su vida fue quizá el más fácil. El circuito chorreando y neumáticos de lluvia contra neumáticos de seco. Un pez en el agua contra un astronauta en el océano. El coche plateado del de Stevenage, con ese distintivo casco amarillo, se tiró por el interior para conquistar la posición. Cuando acabó la vuelta, también se apoderó del mundial de F1.

Fue un final con agua, tanto desde el cielo como desde los ojos del brasileño Massa, donde el inglés le aguó la fiesta a quien se suponía que iba a ser el héroe local. Entre lagos de lágrimas se despedía Felipe de su gran oportunidad. Seguía cargando con el peso de la derrota. Lewis Hamilton, que años después acabó siendo brasileño honorífico, plantaba la primera de sus siete semillas mundiales en lo que sería su casa.

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